TREBALL DIGNE PER A UNA SOCIETAT DECENT

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dilluns, 7 de febrer de 2011

Un tercio de los teólogos católicos de habla alemana piden una profunda reforma de la Iglesia y el fin del celibato

Reclaman también la inclusión de las mujeres como guías espirituales y la participación de los fieles en la elección de los obispos

Laura Lucchini es una periodista italiana, corresponsal en Berlín del diario L’Unità-Berlín - 04/02/2011



Cerca de 144 teólogos católicos de habla alemana han firmado un manifiesto que pide una reforma profunda de la Iglesia católica y el fin del celibato. Son intelectuales católicos, hombres y mujeres, de las universidades más reconocidas que no quieren quedarse callados frente a la crisis abierta el año pasado por el escándalo de los abusos sexuales a menores ocultados durante años en el seno de la Iglesia. Piden un cambio y encuentran una herida abierta.

Según informa hoy el diario Süddeutsche Zeitung , cercano al centro izquierda, un grupo de ocho teólogos escribió el documento, que contiene, detallados, los puntos de una reforma radical: la inclusión de las mujeres como guías espirituales, el fin del celibato obligatorio, la participación de los fieles en la elección de los obispos y el fin del "rigorismo moral". Se habrían quedado contentos con recopilar unas 50 firmas, según dijo al diario alemán Judith Könemann, de la Universidad de Münster. "Evidentemente hemos tocado un nervio", señaló.
Se trata del alzamiento más importante contra la cúpula de la Iglesia católica desde hace 22 años, cuando 220 teólogos suscribieron en 1989 la llamada Declaración de Colonia, crítica con el gobierno de la Iglesia ejercido por Juan Pablo II.
Entre los 144 firmantes del documento actual hay algunos nombres ilustres: desde el profesor Michael Albus de Friburgo hasta Reinhold Zwick, de la Universidad de Münster. Figuran al mismo tiempo algunos reconocidos profesores eméritos como Peter Hünermann y Dietmar Mieth de Túbinga, junto a históricos defensores de la necesidad de una reforma en la Iglesia católica como Heinrich Missalla (Essen) y Friedhelm Hengsbach (Francfórt), y a conservadores como Eberhard Schockenhoff. Hay muchos más que en privado admiten que encuentran positiva la iniciativa pero que están haciendo carrera y prefieren no firmar el documento. 144 firmas equivalen a un tercio de los 400 teólogos católicos de habla alemana.
El texto es cauteloso, toca numerosos aspectos y hace un llamamiento a los obispos para un diálogo abierto. "Sentimos la responsabilidad de apoyar un verdadero nuevo inicio", argumentan los teólogos al apoyar su tesis central de que la Iglesia puede promulgar la palabra de Jesús solo, "si ella misma es lugar y testigo del mensaje de libertad del Evangelio".
La participación de los fieles, cada vez más alejados, es uno de los puntos en los que se centran las reflexiones de los intelectuales alemanes. Entre los retos incluyen la necesidad de "mayores estructuras sinodales en todos los niveles de la Iglesia" y la participación de los fieles en la elección de sus obispos y párrocos. Asimismo, se percibe la preocupación por la falta de curas jóvenes, un problema que se podría resolver a través de la inclusión de "sacerdotes casados y mujeres en el oficio eclesiástico". La "elevada valoración" del matrimonio y del celibato suponen además, según el manifiesto, "la exclusión de personas que viven el amor, la fidelidad y la preocupación mutua" en una relación estable de pareja del mismo sexo o como divorciados casados en segundas nupcias.
Como consecuencia del escándalo de los abusos sexuales llevados a cabo y ocultados en estructuras católicas durante años, el documento destaca la importancia de mejorar "la defensa legal y la cultura del derecho".

En febrero de 1970, el teólogo Joseph Ratzinger, profesor en Ratisbona, firmó un documento a favor de que Roma revisara el celibato de los sacerdotes. Y un año antes, cuando aún era docente en Tubinga, rubricó un artículo contrario a la duración vitalicia del cargo de obispo, algo que podría extenderse también al primero de los mitrados, el obispo de Roma, el Papa