TREBALL DIGNE PER A UNA SOCIETAT DECENT

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dilluns, 5 d’octubre de 2009

Entrevista a M. Antònia Sabater, por Lola Fumanal. Relectura de algunas mujeres de la Biblia desde una perspectiva feminista

¿Quién es Maria Antònia Sabater?


Nací en Sabadell el 5 de junio de1939. Hace más de 30 años que vivo en un barrio de Badalona. Mis orígenes son una mezcla de «sabadellenca» (mi padre también había nacido en Sabadell) y de Villanova i la Geltrú, ciudad natal de mi madre. Los inicios de mi vida fueron un poco difíciles ya que al final de la guerra mataron a mi padre; yo todavía no había nacido, así que soy hija póstuma. Fueron momentos difíciles para la familia, nos tuvimos que quedar a vivir en casa de mis abuelos paternos, en Sabadell, con mi madre, mi abuela y mi tía, las tres viudas de guerra y con cuatro hijos. Toda mi infancia la pasé en Sabadell a la sombra de mi madre y mi abuela, la madre de mis tíos. Uno de ellos, mi padrino, me hizo en realidad de padre. Y puedo decir que, a pesar de todo, mi infancia fue feliz ya que estaba rodeada de toda esta gran familia.


Hice mis estudios en la escuela de la Sagrada Familia hasta los 12 años. A esa edad ya me matricularon en la Escuela Industrial para aprender el oficio de zurcidora de piezas de tela, que consistía en aprender a reparar los pequeños defectos que se producían en los tejidos de los telares. Estos estudios duraban dos años, así que a los 14 ya comencé a trabajar en la fábrica Corominas.


En la fábrica textil tuve mis primeros contactos con el mundo obrero. Trabajábamos en una nave inmensa donde la encargada estaba sentada sobre una tarima para controlar toda la nave. No podíamos levantar los ojos del trabajo, si lo hacías, enseguida venía la encargada y te preguntaba qué pasaba. Había muchos quehaceres que eran «a taxes», una especie de destajo, puesto que cuanto más trabajabas más cobrabas y allá no se oía nada, sólo la radio, y todas nos afanábamos por hacer cuanto más trabajo mejor a fin de cobrar más. Tuve muy buenas compañeras y fui descubriendo un mundo muy diferente al que yo había vivido hasta el momento. Algunas eran mayores que yo y hablaban de películas muy diferentes a las que yo veía en la catequesis, de baile (yo sólo bailaba sardanas). Y poco a poco, al contacto con ellas, se me fue dibujando un mundo muy diferente.


Los domingos por la mañana iba con los jesuitas o con las monjas a enseñar catequesis por los barrios y por las tardes me unía al mundo de farándula –hacíamos teatro– y me relacionaba con un grupo de chicos y chicas más bien de clase media y también alta, los hijos e hijas del mundo de los fabricantes de Sabadell. Pero ya en aquella época mi vida parecía partida en dos, no estaba satisfecha porque no sabía cómo dar salida a mis inquietudes de cara a las personas que sufren. Leí libros de la JEC que me ayudaron a inclinarme más de cara a los necesitados que a la vida fácil. Fueron unos años de lucha, yo aún era muy joven y no podía tomar ninguna determinación. Quería ser libre y la vida matrimonial no me llamaba. Había estado educada en una familia matriarcal y no veía claro ligarme a un hombre para toda la vida. Lo que yo quería era ayudar a los demás y proyectarme hacia fuera. La familia se me hacía pequeña y la educación estricta en las «buenas costumbres» sociales no me acababa de convencer. Después de darle muchas vueltas vi que la salida era entrar en la vida religiosa donde podría hacer otras cosas. También me resultó un camino largo y tuve mis dificultades, pero yo quería «ir a misiones» y esta idea me hacía perseverar.


Pasados los años de formación religiosa, mis superioras me propusieron estudiar el bachillerato ya que sólo tenía el título de zurcidora y me había de preparar para la enseñanza. Me enviaron a trabajar al colegio de Andorra donde llevé la dirección de los cursos infantiles y por la noche estudiaba bachillerato en La Seu d’Urgell. El contacto con la gente trabajadora que tenía que ir al nocturno como yo fue una sacudida muy fuerte. Justo había terminado el Concilio Vaticano II y las cosas en la Iglesia estaban cambiando gracias al «aire fresco» que introdujo el papa Juan XXIII. Obtuve el bachillerato para ingresar en la escuela de magisterio, donde saqué el titulo de Maestra de Primera Enseñanza, el 31 de enero 1977.


Al terminar magisterio, en mi congregación me ofrecieron ir a vivir a un barrio de Badalona. Allí, las que formábamos nuestra comunidad nos dedicamos a la escuela Pública, asumiendo también tareas de dirección. Al mismo tiempo trabajábamos con jóvenes de la Parroquia; yo fui consiliaria de la JOBAC y después de la JOC. Mi inquietud seguía y pedí ir a Nicaragua. Para mi congregación era un reto demasiado grande y me encaminaron hacia África, que por entonces estaba más dormida políticamente, pero yo iba con unos ojos bien abiertos y puedo decir que fueron unos años de una gran experiencia. A Nicaragua fui en 1992 con el SETEM y coordiné unos campos de trabajo. Fue una experiencia intensa que me sacudió por dentro y volví «otra». He recorrido América Latina y parte de África y puedo decir que cada viaje ha sido de ida pero no de vuelta, ya que en cada viaje ves las cosas muy diferentes y eso hace que optes por comprometerte con el lugar donde vives que es donde hemos de cambiar si de verdad queremos un mundo justo para todo el género humano.


Actualmente estoy jubilada. He terminado estudios teológicos y trabajo en el grupo de teólogas del Col·lectiu de Dones en l’Església. Impartimos cursos de teología Feminista en las Universidades de Barcelona y Gerona. Pertenezco a la HOAC y formo parte del sector de Mujeres.


He obtenido el título de Diplomada de Teología, en el Instituto de Teología de Barcelona en 1981, y la Licenciatura en Ciencias Religiosas en 2007. El trabajo sobre el que hablaré después es mi Tesina de Licenciatura.


Libros y publicaciones:


Fina Manent i Maria Antònia Sabater. Escola d’acció especial F: García Lorca, Barcelona 1992: Fundació de Cultura Popular

Rosa Cursach, M.Antònia Sabater, Magda Tomàs, M. Pau Trayner, Aneu i digueu..., Barcelona 2000: Col·lecció Estudis Bíblics d’Interpretació Feminista. ED. Mediterrànea.

M.Angeles Cosculluela, M.Antònia Sabater, M.Pau Trayner, Dones Bíbliques Una Interpretació Feminista, Barcelona 2005: ED. Mediterrànea


Artículos: Participación en:

Diario El Punt, de Badalona

Revista del Col·lectiu de Dones en l’Església.

Participación en mesas redondas, sobre temas de: Solidaridad. La mujer en América Latina. Diálogo Interreligioso.


Y tras esta magnífica presentación de la autora de Relectura de algunas mujeres de la Biblia desde una perspectiva feminista, iniciamos la conversación en torno a su trabajo:

¿Cuál fue tu motivación principal al iniciar la investigación sobre mujeres en la Biblia?

Soy una mujer, y tanto en la sociedad como en el espació religioso, una se da cuenta de que se tiene que luchar para aportar nuestro granito de arena y poner a la mujer en su sitio. El ir entrando en reflexiones y vivencias sobre el mundo femenino me ha ayudado a reformular mi pensamiento y muchas veces pensar mi vida de otra manera; me atrevo a salir de las definiciones de orden legal institucional y a sospechar sobre lo que ha sido afirmado verdadero desde un sistema patriarcal que no ha tenido en cuenta a las mujeres. El género tiene dos alas: femenino y masculino, y con las dos tiene que volar, de lo contrario una parte se dará de narices. Hay que trabajar para la paridad con toda firmeza.

A lo largo de mi vida de cristiana católica una se da cuenta de que la Biblia no es un libro neutro y que también ha sido un arma política. De las mujeres, todo lo que se destaca en ella siempre lleva la marca de los hombres y éstos jamás han visto a Dios ni han hablado con Él, pero sí cierran la puerta a la mujer en nombre de Él. La mujer en la Biblia queda olvidada o diluida, siempre en el lenguaje común está el hombre, por eso aumenta la lucha por la liberación de las mujeres; queremos encontrar en la Biblia lo que no siempre se divulga de ella.

Cuando una reflexiona sobre los derechos de las personas una se da cuenta de que en Las Sagradas Escrituras la mujer apenas se menciona o queda muy diluida, y se olvida que en el relato primero de la creación (Gn 1,27) se nos habla de que Dios creó al hombre y mujer a su imagen y semejanza, pero se suelen divulgar más los fragmentos que dicen que surge de la costilla de Adán.

En la presentación de tu tesina haces referencia a que «la mujer ha sido objeto de polémica en la Institución eclesial», ¿a qué te refieres?

Al ser una entrevista no podemos entrar a fondo en temas teológicos pero sólo hay que mirar cómo actúa la Iglesia Institucional, cómo actúa la jerarquía.

Hace poco hicieron callar a algunos teólogos, entre ellos una teóloga Ivone Gebara y por ser mujer apenas se oyó ni su silencio.

En 2006 en Paris, en el Sena, se ordenaron sacerdotisas católicas, inmediatamente recibieron la excomunión ¿y el obispo que las ordenó? Ahora con el aborto, hay una total desconsideración del sufrimiento de las mujeres y Benedicto XVI con el tema de los condones en África… siempre en el fondo la Iglesia está pisando a la mujer.

Me viene a la memoria lo que dice la teóloga E. Schüsler: «Si el tema de la mujer parece trivial, es porque la arrogancia masculina ha hecho de él una disputa y cuando se disputa ya no se puede razonar».

Si damos una mirada en general al malestar mostrado por las mujeres, vemos que la Iglesia se posiciona siempre en contra y yo me pregunto ¿cómo será? si Dios nos ha hecho iguales a su semejanza.

También te propones «contribuir a que las mujeres recuperen el lugar que en justicia les corresponde en la sociedad y en la iglesia» ¿En qué medida contribuyen a ello estudios como el tuyo?

Después de los estudios me he dedicado a la investigación dentro del grupo del «Col·lectiu Dones en l’Església». Vimos que poco a poco teníamos que ir expresando nuestro pensamiento, y movidas ante la falta de coherencia en la transmisión del mensaje evangélico referente a la mujer que se ha hecho y se hace en la Teología tradicional queremos poner al servicio de la Iglesia y de la Sociedad la Teología Feminista. De aquí salieron tres cursos que actualmente tenemos programados: «La voz de la mujeres en la Biblia», «La voz de las mujeres en la iglesia» y «La voz de la mujeres en las diferentes espiritualidades». También se programan diferentes conferencias e intentamos dar respuesta a las diversas peticiones que nos llegan. Creemos que como la gota de agua que cae constantemente y hace un agujero, nosotras ahí estamos con nuestra ilusión y entusiasmo.

Tú hablas de un intento de volver a la Escrituras «ricas en sabiduría humana». ¿En qué consiste ese «volver»?, ¿en ir a los orígenes?, ¿en cambiar el método exegético para un mejor conocimiento de los textos y de su interpretación?

El trabajo de investigación me ha llevado a reconstruir la historia de la mujer, a partir de los pasajes en los que ella de hecho es un personaje central, pero también en los que se la supone sólo incluida. Es muy importante que las historias de las mujeres se analicen mediante un método de estudio histórico – crítico, como se enseña en la mayoría de Facultades de Teología. Y queremos presentarlo como teología feminista. Esto implica un interés añadido de revisar cómo se nos han presentado –o ignorado– las vidas de ciertas mujeres que encierran enseñanzas y ejemplos de fe que para nosotras son muy valiosos. Se tiene que hacer hincapié en las historias de las mujeres de los primeros tiempos del cristianismo, contextualizarlas debidamente y conceptualizarlas teológicamente. Hay que ver a las mujeres de las comunidades como parte integrante de la proclamación del Evangelio.

Los textos bíblicos y la tradición están formulados y codificados por los hombres, con sus criterios y muchas veces son una fuente de opresión para las mujeres.

Los textos bíblicos contienen enseñanzas de fe, no lecciones de historia, por eso hablas de que hay que interpretarlos de una manera simbólica. Explícanos un poco en qué consiste esa interpretación.

Yo he tenido muy presentes las enseñanzas de la teología de la liberación, que ha desafiado la supuesta objetividad y neutralidad de la teología oficial. La idea básica de toda teología de la liberación es el reconocimiento de que toda teología quiéralo o no está siempre y por definición comprometida a favor o en contra de los oprimidos. Eso nos lleva a preguntarnos ¿desde qué punto de vista se hace el análisis? Yo intento hacerlo desde los desposeídos y uno de ellos es la mujer; y lo hago desde la esperanza que nunca puede morir en nosotros, porque tiene que ver con la libertad y el amor que vive en nosotras y evoluciona en nosotras como la semilla.

El mensaje bíblico es un mensaje expresado en términos humanos, esto nos dice que está sujeto como toda literatura de transmisión oral, a las mismas leyes de interpretación y comprensión. Para hacerse comprender se hacen servir experiencias humanas, símbolos y signos; para entenderlos tenemos la exégesis que nos habla del texto y la hermenéutica que nos ayuda a interpretar lo que quiere decir el texto.

En tu trabajo aludes a las 240 mujeres que figuran en la Biblia con nombre propio –los hombres serían 1700– pero, al analizar los silencios o lo que queda implícito, detectas que existe una gran cantidad de ellas que aun ejerciendo un papel activo han quedado en el anonimato, ¿cómo has trabajado este aspecto?

Hicimos un estudio en el Colectivo con la finalidad de recuperar el nombre de las mujeres y de su historia y el servicio que desarrollaron en la comunidad. Nos dimos cuenta de que muchas de ellas habían pasado desapercibidas tanto en su responsabilidad como en su liderazgo y en el papel que tomaron en la marcha del pueblo de Dios. Como ejemplo podemos nombrar a las mujeres que en Mateo salen en la genealogía de Jesús: ellas hacen posible que se llegue a la tierra prometida (y éstas tienen nombre pero se olvidan)

Ese trabajo nos ha ayudado a despojarnos de viejos prejuicios religiosos y a tener en cuenta las aportaciones de esas mujeres que son las madres de los patriarcas. Y pienso que las mujeres continuaremos haciéndolo a través de la vida, del estudio, y de la reflexión creyente y feminista.

La segunda parte de mi tesina está dedicada a las mujeres sin nombre del evangelio de Marcos. Todas ellas son un pozo de sabiduría.

Para todos es conocido que nuestro mundo se ha caracterizado por una falta de conciencia de la realidad y los derechos de la mujer, de sus opresiones específicas, de la insignificancia de su trabajo. En cambio sí se ha considerado el papel y el trabajo de los hombres. En el área bíblica esta óptica se ha apoyado en el presupuesto teológico no sólo de permitir sino de justificar a la mujer como parte subordinada. Ellas no podían hablar en voz propia. Como ejemplo resaltaré la unción en Betania: la mujer no tiene nombre, no habla, sólo actúa, y Jesús resalta su gesto para que sea recordada toda la vida.

Yo os aseguro donde quiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se

hablará también de lo que está mujer ha hecho en memoria mía (Mc 14,9)

La Iglesia cuando nos habla de los últimos días de Jesús, nos recuerda las negaciones de Pedro, la traición de Judas, pero suele omitir la acción de la mujer. La mujer ungiendo a Jesús reconoce claramente que su mesianismo significa sufrimiento y muerte.

La teología y la interpretación bíblica feminista ponen de manifiesto que el Evangelio no puede ser proclamado íntegramente si no se recuerda el discipulado de las mujeres.

Dices que tu estudio lo realizas desde la perspectiva que te ofrece la teología feminista. Dinos cuáles son sus rasgos y qué aporta esta teología al conjunto de los estudios teológicos.

A grandes rasgos podemos decir que en la teología encontramos dos grandes bloques: el primero sería el de la teología ortodoxa que apenas se renueva en sus métodos de investigación ni en sus formulaciones y pone mucho empeño en conservar intactas las tradiciones. Utiliza unas explicaciones y un lenguaje androcéntrico y patriarcal.

En el otro bloque podríamos poner a todas las teologías que dan importancia al contexto histórico, al lugar de donde proceden las experiencias bíblicas y teológicas. La teología de la liberación sería una de ellas y aunque nace del clamor de los pobres, sin embargo apenas tuvo en cuenta la situación de opresión de las mujeres pobres dándola como incluida en la de los hombres. Por eso ha sido necesaria la aportación de la teología feminista, que parte de la especial situación de insignificancia y de opresión de las mujeres, negadas de derechos, negadas de igualdad por sistema y por el hecho de serlo.

El camino de la teología feminista es necesariamente un camino de lucha y de reivindicación, también de solidaridad y de encarnación que enlaza con el compromiso en la sociedad con los desposeídos, esto significa dolores y alegrías estando al lado de los que sufren discriminación. Todo aquello que conduce a la grandeza del alma, que perfecciona y honra la inteligencia humana, que abre la mente, que da placer, todo es bueno para una mujer cristiana. Nos dice Ivone Gebara, que el cielo es el límite.

Aquí podemos recordar la parábola de los talentos (Mt 25,14-13). La capacidad de cada persona es un don que Dios le ha dado y le ha hecho responsable de hacerlos crecer.

En un apartado de tu trabajo hablas de la distinción entre teología feminista y teología femenina. Con ello quieres indicar que no se trata de crear una teología de mujeres y para mujeres, sino una teología incluible en el conjunto de los estudios teológicos para el enriquecimiento y la renovación teológica dentro de la Iglesia. ¿Eso es así?

Una teología femenina la encontramos en muchas santas, (prefiero no nombrar) y sus vidas, por cierto, han sido escritas por hombres. En casos de escritos propios no hay que olvidar que tenían sus directores espirituales hombres... y el lector y lectora sabrán situarlas muy bien, son personas que en su actuar se ajustan al estereotipo de género de la feminidad: docilidad, pasividad, obediencia, sacrificio, silencio…
La teología feminista quiere aportar podríamos decir la otra cara, la de la paridad, dando a entender que la mujer es tan capaz como el hombre y que no tiene por qué haber virtudes «femeninas» sino virtudes cristianas.
La teología feminista es una teología crítica en que se enlazan caminos de lucha y de reivindicación y también de gratitud y solidaridad siendo no el cielo sino la tierra donde uno/a se tiene que encarnar.
La característica más revelante de la perspectiva teológica feminista es asumir que la mujer y el hombre son iguales en libertad y dignidad, como hijos e hijas de Dios y en el proceso, su lucha conjunta social y eclesial los implica a ellos y es buena también para ellos.
Entre las mujeres del AT. que has estudiado hay varias que no destacan precisamente por ejercer las funciones tradicionales femeninas, sino que son guerreras, participan en conspiraciones... y al fin salvan al pueblo de Dios de grandes peligros. Háblanos del significado de sus actuaciones.
Te hablaré de Débora; su nombre en lengua hebrea significa «abeja». Esta fue una mujer carismática y polifacética que hizo a la vez de profetisa, de jueza y de heroína. Unos doce siglos antes de Cristo en la época de los jueces, tiempos difíciles, no había rey en Israel y cada uno hacia lo que podía.
Esta historia se encuentra en Jueces 4-5. Nos explica que Débora se sentaba bajo una palmera a escuchar a la gente que acudía para buscar consejo y justicia...
Ella que, paciente y consejera cargaba con la opresión de su pueblo, mantenía afilado el aguijón de la libertad, por eso cuando los reyes Cananeos declaran la guerra, la valiente heroína sintió en sus entrañas el clamor de su pueblo y lanzó el grito de guerra. Más adelante, en el capitulo 5, está uno de los himnos más antiguos y bellos de la Biblia.
Es muy interesante por ejemplo el relato de las dos mujeres de Abraham: Sara (la libre) y Agar (la esclava). Tal como nos las presenta el Génesis, hasta el propio Abraham parece quedar en un segundo plano, dado que son ellas –libre y esclava– quienes hacen posible el nacimiento de ese gran Pueblo de Dios con todos sus atributos. Sin embargo, es Abraham la figura que queda para la posteridad. ¿Por qué no nos comentas ese pasaje?
Con esta pregunta me tocas la fibra sensible ya que me gusta mucho la historia de Sara y Agar (la esclava egipcia).
Todos /as sabemos la historia que nos cuenta la Biblia pero yo quisiera resaltar que en esta historia hay algo sorprendente.
Para entender la historia tenemos que separarnos un poco del relato bíblico y situarnos en el momento en que se escribe este texto que según parece es bastante tardío, sólo unos siglos nos separan del nacimiento de Jesús.
En este relato late la universalidad a la hora de configurarse la composición del Pueblo de Dios. Ismael, el hijo de la esclava egipcia, también está llamado a formar parte del pueblo elegido. Tendremos también en el Éxodo a Moisés con su identidad entre egipcia y hebrea, y a Agar, matriarca de los beduinos, que recibe el mismo tipo de promesa que hace Dios a Abraham: Ismael también formará parte de la descendencia y de las doce tribus.
Ismael como Agar serán llevados por Dios de un estado de esclavitud a una situación de libertad.
Desde el punto de vista de la teología feminista, Agar es la única mujer que recibe el mismo mensaje que Dios hace a Abraham en relación a la descendencia. Os invito a leer (Gn 16-21)
Si en la historia de la Biblia se destaca la época de los patriarcas, creo que ello conlleva las matriarcas, las mujeres y esclavas de los patriarcas que son las que les dieron descendencia.
Tenemos a: Sara, la primera matriarca de Israel
Agar, esclava, la primera matriarca de los beduinos
Queturá, segunda mujer de Abraham
Rebeca, segunda matriarca de Israel
Lia, matriarca de 6 tribus
Zilpá, esclava matriarca de 2 tribus
Raquel, matriarca de dos tribus
Bilha, esclava, matriarca de 2 tribus
Dina, hija de Lia i Jacob
Tamar primera mujer citada en la genealogia del Mesías.
Dedicas una parte de tu estudio a las mujeres que aparecen en la Genealogía de Jesús. Ese texto se incluyó tardíamente en el Evangelio de Mateo. ¿Qué nos quieres indicar al resaltar su presencia?

Las mujeres citadas por Mateo en la Genealogía de Jesús son muy importantes por el mismo hecho de ser incluidas en la posibilidad del advenimiento del Mesías. Estas tradiciones son incluidas al inicio del evangelio de Mateo con posterioridad al Nuevo Testamento y han sido transmitidas, hasta que van siendo puestas por escrito, de manera oral. Si sus nombres han quedado fijados en las Escrituras es porque su memoria ha sido recogida por los ambientes judíos de donde procedían y si se han interesado tanto en estas mujeres para realzar su personalidad, es porque ellas no pasan desapercibidas. El Nuevo Testamento da testimonio de esto en varias ocasiones. Podemos citar el ejemplo de Rajab de la que habla la Carta a los Hebreos, y de otras: Tamar, Ruth, Betsabé, y por supuesto María. Estas mujeres están extraordinariamente activas, responsables, vigilantes, intensamente presentes, personalmente comprometidas en las comunidades. Por su fe, María recibió el objeto de la promesa.