TREBALL DIGNE PER A UNA SOCIETAT DECENT

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dimarts, 26 de febrer de 2008

REFLEXIÓN ANTE LAS ELECCIONES:«POR UNA POLÍTICA DIGNA»

El próximo 9 de marzo están convocadas elecciones generales en nuestro país y elecciones autonómicas en Andalucía. Llevamos treinta años viviendo sin interrupción en un régimen de libertad y democracia. Se podría decir que nuestro sistema «está consolidado», dado que ha permitido que funcione el cambio en el poder de personas y grupos, mediante las elecciones, posibilitando la alternancia política entre la derecha y la izquierda.


Desencanto y polarización:

Pero, después de estos 30 años, nuestro «caminar democrático» parece cansado. El escepticismo y el desencanto ante la política y los políticos, así como su progresivo deterioro y devaluación, han ido creciendo, y el grupo de personas indecisas ha ido en aumento.

No obstante, la situación es compleja, pues podríamos hablar también de una sociedad muy polarizada, en la que todos los asuntos, sean importantes o no, inmediatamente se simplifican, obligando a tomar partido, sin favorecer análisis y matizaciones más profundos. A ello contribuyen también los medios de comunicación, que han reducido las elecciones a la lucha entre dos partidos, el PSOE y el PP.


“Democracia de audiencia” y electoralismo

Nos encontramos en una «democracia de audiencia», es decir, una democracia convertida en espectáculo mediático. Por ello, el «lado humano» de los personajes políticos (carácter, estilo, simpatía, talante, popularidad, credibilidad, confianza) adquiere primacía sobre su competencia. Es la personalización de lo político.

Los aparatos de los partidos tienen escasa transparencia y están ocupados por las mismas personas, elección tras elección, formando una generación de «políticos profesionales» que viven de la política. Consideran la acción política como gestión de lo que hay y como una técnica de conquista y permanencia en el poder del Estado. Consideran a la ciudadanía como simple espectadora de la vida política y depositante de un voto en las urnas cada cuatro años.

Aunque la campaña no comience de manera oficial hasta mediados de febrero, la maquinaria de los partidos está ya en marcha desde hace mucho tiempo. Es más, podríamos decir que la vida y actividades de los partidos funcionan permanentemente y principalmente en función de las campañas electorales, reduciendo su actividad a preparar a su militancia y a la población para ir a votar cada cuatro años. Hay muy pocos espacios que favorezcan el análisis, la reflexión y el sentido crítico sobre las cuestiones de fondo. Cada acto de partido, en estos cuatro últimos años, se ha presentado como un mitin. Cada rueda de prensa como un acto de campaña electoral, con una estrategia de desgaste del contrario y con la utilización de cualquier medio, si era válido para conseguir lo que se pretendía. En el caso de la oposición, esta actitud ha sido permanente, oponiéndose indiscriminadamente a la inmensa mayoría de las políticas del Gobierno.

Además, los mensajes han estado pensados más bien en función de los medios de comunicación, porque lo que interesa es que las siglas, el partido, sean noticia, y que aparezca, a poder ser, la imagen con gran relieve.


Degradación de la política

En una situación de casi «empate técnico», con un debate político centrado, durante cuatro años, en los estatutos autonómicos y el terrorismo y, en el último tramo, en la educación, la religión, la familia y la economía, venimos sufriendo una verdadera degradación de la práctica política. Se recurre a la demonización del adversario, la ridiculización de sus ideas, el anuncio de innumerables promesas y propuestas demagógicas, insultos, descalificaciones y manipulación de los datos, todos ellos repetidos hasta la saciedad para ver si deslumbrando se convierte en verdad.

Se crea un sentimiento de inseguridad y malestar, con el anuncio de las mayores catástrofes, la pérdida de empleo, la pérdida de libertades, el control de las conciencias, la pérdida de confianza en las personas, que van provocando desconfianza y un paulatino alejamiento de la participación política.

Dentro de este espectáculo, se pretende que gane el que sea mejor actor o ridiculice al otro de forma más contundente. Lo de menos es la calidad y seriedad de sus propuestas.


Acción política del Gobierno y del Partido Popular

De la acción del gobierno socialista han sobresalido social y mediáticamente algunos aspectos como los nuevos estatutos autonómicos, el diálogo con ETA, una nueva política internacional..., que no han calado suficientemente en la ciudadanía. Las importantes medidas sociales que ha aprobado aún no se notan y posiblemente tardarán tiempo en notarse, debido a las últimas turbulencias económicas.

El PP ha seguido una estrategia de derribo y de convencer a los ya convencidos. Si esta estrategia no resulta, los diez millones de votos de su electorado no le bastarán para gobernar, y tendrá que echar mano de los pactos con otras fuerzas políticas; cuestión difícil después de la actitud de dura confrontación y de aislamiento que mantuvo durante su última legislatura y durante estos últimos cuatro años.


Economía en crisis

Por último, parece que la economía está siendo la dimensión crucial en la gestión del gobierno y en su rendimiento de cuentas. Hasta ahora parecía un activo del Gobierno socialista, pero se está convirtiendo en el arma de la oposición.

Se pensaba que España iniciaría la fase descendente del ciclo económico más o menos coincidiendo con las elecciones, pero nadie predecía que fuera tan acelerada. En ello han influido, sobre todo, factores externos: el incremento de la inflación como consecuencia de la subida del petróleo, las materias primas y los alimentos; y la espectacular crisis de confianza en el sistema financiero a causa de los impagos de las hipotecas locas, con su capacidad de contagio global.

El caso es que la percepción ciudadana sobre la situación de la economía ha variado a peor. El paro, la vivienda y los problemas de índole económico son las tres primeras preocupaciones ciudadanas, casi por delante de terrorismo e inmigración, que han ocupado los primeros puestos en otros momentos.

Es cierto que el Gobierno ha mejorado algunas de las magnitudes que dejó el PP en 2004, como creación de empleo, derechos sociales, estabilidad de las cuentas públicas, crecimiento del PIB y Seguridad Social. Al mismo tiempo, la distribución de la renta y la riqueza se ha hecho más regresiva y los más desfavorecidos y débiles lo siguen siendo en mayor medida.


Problemas laborales y sociales relevantes

Podemos comprobar que las situaciones de precariedad laboral, junto a las variadas modalidades de contratos y subcontratos, y la siniestralidad y muerte que todo ello conlleva, siguen siendo problemas fundamentales de los ciudadanos. Las pésimas condiciones de trabajo y el incumplimiento de las leyes laborales exigen un replanteamiento serio por parte de los partidos. Los jóvenes y las mujeres padecen las peores condiciones laborales. La vivienda se ha convertido en un símbolo de la peor especulación económica, que no tiene en cuenta que su accesibilidad es una necesidad y un derecho social básico.

También, el apoyo y la protección de las familias, olvidadas legislatura tras legislatura, sin ayudas auténticas por hijos y sin un ordenamiento de las relaciones laborales acorde con su función. No son suficientes medidas parciales y coyunturales, más bien de carácter electoralista, como las que se vienen lanzado por los partidos mayoritarios. Es necesario elaborar un plan integral de atención a las familias.

La política inmigratoria ha de desarrollarse en línea de acogida humanitaria, de respeto de los derechos humanos y la dignidad de la persona y de integración social, cultural y ciudadana.

Habría que poner a los más necesitados y empobrecidos en lugar preferente en las decisiones políticas.


Iglesia y Gobierno en confrontación

La relación entre el Gobierno y la Iglesia se ha visto enrarecida por la actitud de algunos obispos y grupos cristianos que han ayudado a confundir el papel de la Iglesia en la sociedad y se han identificado excesivamente con la estrategia política del PP. Al mismo tiempo tampoco han ayudado las posturas de sectores de la izquierda política e ideológica y del gobierno de anticlericalismo y de querer reducir la fe y la religión al ámbito de lo privado. Este desencuentro impide reconocer los valores que el Evangelio aporta a la vida de todas las personas y a la construcción social.

Todo ello conllevará a una lógica incomodidad en muchos cristianos a la hora de votar y de tener una presencia significativa en la vida política, tal y como se desprende de la Doctrina Social de la Iglesia, y señalan nuestros obispos en sus «Orientaciones morales ante la situación actual de España» (n. 48).


Es necesario dignificar la política

Habrá que ver en qué medida estas elecciones son capaces de dar un giro a todo este panorama para que la comprensión de la política sea más positiva y se consiga la rehabilitación de la misma, pues más allá de las buenas intenciones, la dignificación de la política se ha de hacer desde dentro, con una sociedad más participativa y crítica, considerándola como un auténtico servicio a los ciudadanos y como una herramienta para la transformación social, aunque no la única.


Prioridades a la luz del Evangelio

Habrá que establecer prioridades y tenerlas en cuenta en el momento de ejercer el voto, porque ninguna de las opciones responderá enteramente a nuestras aspiraciones, pero no podemos dejar que lo inmediato determine el voto, que puede tener consecuencias mucho más amplias. Por ello, desde nuestra fe en el Dios de Jesucristo y teniendo presente la Doctrina Social de la Iglesia, en nuestra decisión y a la hora de valorar los programas que se nos ofrecen por los distintos partidos, tendríamos que tomar en consideración, entre otras, los siguientes aspectos:


Comisión Permanente de la HOAC